Que es el hígado graso?
Hace unos años atras otras era las algunas de las causas del mal funcionamiento del hígado, el alcohol era el más común. Pero ahora otra causa tomo su lugar para producir daños terribles en este organo tan importante y en muchos casos irremplazable, es la obesidad.Porque Hígado Graso?
El termino hígado graso se refiere a una enfermedad del hígado caracterizada por acumulación de ácidos grasos y triglicéridos en las células hepáticas (hepatocitos).
Al hígado grado se lo conoce también como esteatosis cuando hay infiltración (depósito) de grasa intrahepática y esteatohepatitis cuando además hay inflamación. Hay que diferenciarla de la esteatohepatitis alcohólica, que es la inflamación crónica del hígado inducida por el consumo excesivo de alcohol.
En la actualidad esta enfermedad esta siendo tratada en adolescentes con sobrepeso en Norteamérica. El aumento en la prevalencia de hígado graso se deba probablemente a un incremento en la prevalencia de la obesidad. Las pérdidas rápidas de peso o la oscilación del mismo, cada vez más frecuente a causa de la dietas, pueden predisponer a esta enfermedad, como lo puede hacer la obesidad central.
La obesidad, la causa principal
La causa más determinante del hígado graso es la obesidad, por detrás del alcohol, que hasta hace poco era la principal fuente de daño hepático. Y aunque se desconoce el tiempo necesario que debe transcurrir hasta que el hígado llegue a ser graso, se tiene constancia de que las personas que engordan en muy poco tiempo pueden desarrollarlo con rapidez. No obstante, el abuso del alcohol y ciertas enfermedades metabólicas también son factores determinantes que contribuyen al origen de este mal.
Por otro lado, es habitual que el hígado graso se diagnostique en aquellas personas que sufren el síndrome metabólico, una combinación de varios factores de riesgo cardiovasculares, como son la obesidad, la diabetes, la hipertensión arterial y la dislipemia. En ellos, la prevalencia de esta patología es mucho mayor, con proporciones que, según distintos autores, van del 20 al 30% de las personas obesas, del 10% al 75% en diabéticos y del 20% al 92% de los que sufren hiperlipidemia (exceso de grasa o lípidos en sangre).
El diagnóstico
Aunque pocas personas afectadas por hígado graso se quejan de dolor (de leve a moderado) en la zona correspondiente al hígado -hipocondrio derecho- menos aún son las que sufren síntomas de insuficiencia hepática. Por este motivo, se llega al diagnóstico después de haberse realizado un análisis de sangre rutinario, siempre que se detecte en los valores de los marcadores hepáticos -las transaminasas- una alteración, o bien después de una imagen sospechosa en una ecografía abdominal. Sin embargo, el diagnóstico certero de hígado graso se fundamenta en la biopsia hepática; si se da una elevación de las transaminasas, el órgano en cuestión está inflamado y si el facultativo cuenta con indicios de que, además, el paciente pueda tener grasa en el hígado, se le practicará una ecografía abdominal y después, si es preciso, la biopsia.
Tras analizar estas pruebas, el pronóstico del paciente es favorable si se comprueba que, en efecto, tiene el hígado graso pero no se aprecia un proceso inflamatorio porque no hay una alteración en las transaminasas. Pero si se dan los dos estados, grasa e inflamación (esteatohepatitis), el paciente deberá seguir los controles y recomendaciones prescritas por el especialista para evitar que el mal evolucione hacia formas más severas, aunque la mayoría de personas con hígado graso no desarrollan consecuencias graves.
Bajar de peso, el mejor tratamiento
La detección exclusiva del hígado graso puro no exige un tratamiento determinado, aunque no hay consenso científico que indique que no pueda evolucionar hacia formas más graves de la enfermedad. Por esta razón, es preferible prevenirlo y que cada paciente introduzca los cambios pertinentes en su dieta para perder peso, bajo control médico siempre que sea posible.
No es una “mala dieta” en sí lo que produce el hígado graso, sino un peso excesivo. Por ello, no es necesario seguir una dieta especial para esta enfermedad, sino hacer régimen para alcanzar el peso ideal. Los alimentos no causan daño, el daño lo crea la obesidad. Tampoco hay alimentos prohibidos para el hígado, como el chocolate o las comidas ricas en grasas, tan asociadas a malas digestiones. La única prohibición para controlar este mal es evitar el consumo de alcohol.
En cuanto a la esteatohepatitis, su tratamiento admite dos modalidades. La más importante es evitar la obesidad y el sobrepeso y aumentar la actividad física. Además, en pacientes diabéticos se ha comprobado que, si se controla la enfermedad, se constata una mejora de la esteatohepatitis.
Por otro lado, en los últimos años han comenzado a comercializarse algunos fármacos para controlar los factores de riesgo asociados al hígado graso, aunque no son tratamientos eficaces de forma universal y se recetan a cada paciente de forma individualizada. En algunas ocasiones son útiles los antidiabéticos, ya que la resistencia a la insulina es un factor que favorece la acumulación de grasa en el hígado, por lo que el uso de fármacos para mejorar la sensibilidad a la insulina se entiende como un tratamiento eficaz. En otras, sin embargo, se opta por recomendar medicamentos para las grasas e incluso hay casos en los que se recetan fármacos hepatoprotectores.
A más de bajar de peso hay otros consejos que habría que seguir, tales como:
1. Evitar el consumo de alcohol y la ingesta de medicamentos dañinos al hígado como son: los analgésicos (paracetamol), antiinflamatorios, hormonas femeninas ( estrógenos)
2. Reducción gradual de peso, evitar la rápida pérdida de peso porque empeoran el cuadro.
3. Profilaxis contra la Hepatitis A y B ( vacunación).
4. Medicamentos que evitan el Stress oxidativo como son la Vitamina E y la Silimarina .
5. Tratamiento de las enfermedades asociadas como: Diabetes, Hiperlipidemia.
6. Acido Ursodeoxycolico y clofibrato.
Consejos prácticos y preventivos
1. Evitar el sobrepeso y la obesidad para prevenir dañar el hígado y el corazón, entre otros órganos.
2. Aunque no se detecten síntomas, someterse a pruebas hepáticas al menos una vez en la vida.
3. Valorar las alteraciones en los resultados de estas analíticas, no catalogarlas como banales, y someterse a otras exploraciones, como la ecografía, para averiguar la causa de tales cambios.
4. Si la ecografía desvela la existencia de hígado graso sin inflamación, no hay que alarmarse. Pero si existe inflamación, debe someterse a un tratamiento médico.
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